Ruta de los Puertos 2008
Fecha: 21/06/2008
Con el sol a un palmo del horizonte nos reunimos cinco moteros algo `trastornaos´ en una gasolinera cercana a Galapagar (Madrid). Éramos el grupo número ocho, de un total de unos quince grupos (casi setenta motos), que aquel día teníamos por objetivo común abordar una veintena de puertos, que menos dieciséis, todos cercanos a Madrid.
Tras conocer a Miguel de Alicante, saludarnos entre todos y comentar algunos buenos recuerdos de tiempos pasados más un café salimos en busca del primer puerto. Enseguida trazamos cuatro curvas harto aprendidas en domingos pasados y nos detuvimos frente al cartelón que mejor nos pareció para posar y dejar testimonio gráfico por vez primera aquella soleada mañana. Y como quisimos distinguirnos con algo peculiar, y en vista de que iba a caer una buena… pero de calor, hicimos lo que mejor sabemos: desprendernos del poco sentido del ridículo que ya nos queda, abrir un paragüas y cobijarnos debajo al tiempo que la cámara de fotos nos hacía una ídem.
Y salimos zumbando en busca del siguiente puerto, el alto de Casillas, previo desvío hacia Colmenarejo, toreando así Cruz Verde cual verónica enrevesada en Las Ventas.
Conseguimos no atravesar Valdemorillo, sino torearlo también y camino de Colmenar de Arroyo nos lo prometíamos sencillo… hasta que tuvimos cornada, que no revolcón. Y es que esta es tierra de toro bravo... y de obras en asfalto, rotondas imposibles y desvíos que ni echando cartas adivinas cual te corresponde. De ahí que mi facilidad innata para perderme hizo que la rueda de mi moto apuntase en dirección a “quién sabe dónde” menos a donde debía. Al cabo de un par de kilómetros mi poco intelecto y la posición del sol hicieron mella en mis descoordinadas neuronas obrándose el milagro de tomar la acertada decisión de dar la vuelta. Por lo visto, tomando un extraño desvío de una rara rotonda nos haría retomar de nuevo la ruta programada.
Efectivamente tomamos un peculiar desvío que nos llevó a un desordenado polígono industrial del que tuvimos que salir atrochando por un arenal para así llegar al asfalto que olía a ruta buena.
Sin embargo, como luego comprobamos, no era la carretera programada así que se tuvo que improvisar y en vez de llegar enseguida a Chapinería nos encontramos con Aldea del Fresno.
“No problemo”, me dije, todos los caminos llevan “palante” así que si tiramos dirección Méntrida, giramos a la derecha y nos metemos una ración de curvas calculando el radio y la ecuación matemática que las hizo posible harán que las probabilidades de llegar a San Martín de Valdeiglesias se multiplique exponencialmente… en este momento pensaba por qué no iría yo tarareando sin más alguna canción bajo el casco como hace la mayoría…
Llegamos a ver un gran cartelón que traduciendo el lenguaje oficial del Ministerio rezaba algo así como “acabas de entrar en Toledo, tron” por lo que más adelante llegar a coronar “despeñaperros” cobraba fuerza nada más leerlo… sin embargo al instante una cruz de caminos me hizo ver la luz, y se me apareció San Martín, quiero decir “el indicador de” por lo que fuimos ya en buen camino, al menos el que se hubo marcado sobre el papel.
La llamada ruta de los pantanos la encontramos enseguida por lo que fue fácil retomar la ruta programada solventado el pequeño rodeo que tuvimos. Será por curvas.
Me imaginaba un minidesvío hacia el Alto de Casillas poco antes de Sta. Mª del Tiétar, pero cual fue mi sorpresa encontrar una pequeña rotonda muy bien indicada con añadido de guarnición de las Fuerzas Vivas del Estado en tono verde recetando a algún que otro conductor de utilitario quizá desprovisto de cinturón, que no de pantalón.
Bonito ascenso hasta el pueblo, Casillas. Aquel paraje de ensueño me sugirió algún rincón extremeño, allí tan cerca. Siempre es especialmente agradable que un pequeño paisaje te sorprenda a la vuelta de un recodo.
Tras internarnos por las empinadas calles de Casillas, y por unanimidad una vez en el centro del pueblo, decidimos bajar en vez de subir más. Si bien tuve que preguntar a un amable habitante del lugar el cual nos indicó como acceder al puerto, pues la señalización al respecto es tan pobre como llano es el pueblo.
Nos vimos subiendo una pista asfaltada a medias, hasta que terminó siendo completa, pero de terrones y “bujeros” al pie de una Ermita y un bonito merendero al uso. Hasta allí subimos con tiento donde nos hicimos segunda pertinente foto.
Todo un logro, pues casi una hora antes del mediodía ya habíamos conseguido dos puertos… de un total de veinte que figuraban. Quien dijo miedo, no hay dolor, esto está chupao,… de lo que es capaz de decir un motero sobre una moto y con el tiempo encima con tal de recorrer kms.
Así que tras refrescarnos un poco bajamos de nuevo a Casillas para continuar por la carretera de los pantanos en dirección a Piedralaves. Son rectas de suaves curvas y un pequeño radar apostado en plena travesía intentando cazar excesos… imposible no verlo.
Poco después nos desviamos hacia Casavieja, camino de Mijares. Hubiera querido tomar el desvío siguiente que lleva directo, pero me pudo el ver lo bueno del asfalto. Pasado el pueblo de Mijares el firme se torna un tanto irregular hasta Serranillos.
Echamos foto en pleno pueblo y seguimos rápido para llegar al puerto de Mijares que nos ofrece una muy buena vista sin árboles, de grandes rocas. Antes, curvas lentas y rápidos cambios de inclinación. En la cumbre, parada, foto y nos vamos.
Enseguida coronamos Serranillos. Como aún estábamos frescos, la conducción seguía alegre y divertida, sin contratiempos. Todos guardamos orden, ritmo y distancia, algo que no veía desde bastante tiempo yendo en grupo. De este modo puedes viajar a cualquier parte que te propongas en fantástica compañía.
Parece que íbamos sumando puertos, pues yendo tan seguidos se hacía esperanzador superar la docena. Antes debíamos repostar y así lo hicimos al llegar a Mombeltrán. Asombrado me quedo cuando Victor comenta que con su GS ostenta un record personal de 700 kms recorridos con un solo depósito. "Pasote del quince".
No nos entretenemos y salimos disparados por perfecto asfalto y mejores curvas hacia el Puerto del Pico. En estos tramos la moto en vez de rodar, vuela. Por cierto, como bajan las ducati...
Poco más del mediodía y ya estamos de nuevo en todo lo alto echando foto para el recuerdo, un lugar por donde ya los romanos se aventuraban a cruzar a caballo y que hoy un servidor lo hace a lomos de cien… y también con casco, si bien no de guerra aunque sólo por protección, si bien no manchado de sangre también rojo.
Y bajamos dirección norte, volando de nuevo, peinando curvas hasta la Venta del Obispo, lugar emblemático, pues su construcción data de 1803 por el que fuera obispo de Avila. Ya el Rey Alfonso XIII, no podía evitar realizar una parada cuando iba a cazar a Gredos. Y hoy nosotros también íbamos de caza, pero las presas eran puertos. En tanto, realizamos una parada más distendida y en torno a mesa de piedra comimos en plan campestre, pues hacerlo en silla y mesa madera harían que el tiempo se nos echase encima como si fuese noche al cabo del día.
Comimos hasta el límite en que el sopor posterior pudiera ser un problema, que no fue.
La carretera se tornó no tan lisa, pero cómoda hasta Navalmoral. En medio del pueblo pasamos un cruce con dos señalizaciones prácticamente idénticas hacia Avila y opto por seguir recto. Pero al cabo de quince kms llegamos a El Barraco y eso me suena a pérdida de ruta. Efectivamente tendría que haber tomado el otro desvío que marcaba hacia Ávila, así que paramos, miramos mapa y retornamos lo malandado para poder iniciar la subida al puerto de Navalmoral.
Llegamos arriba, abrimos paragüas, foto y vamos que nos vamos camino de Ávila.
Bordearemos el amurallado enclave sin entrar al centro y enseguida vemos el desvío que nos ha de llevar al Puerto del Boquerón y al de Arrebatacapas. Curiosos nombres que ya puestos hoy hubieran podido ser el de “La Anchoa en Vinagre”o el de “Manrobao elAnorak”.
Tras las pertinentes fotos en el Puerto del Boqueron...
... y en el de Arrebatacapas...
... sin entreternos demasiado llegamos a Cebreros donde saludamos al paso a otros aguerridos moteros en pleno acto de descanso y degustación. Continuamos por entre curvas de guardarraíles, sobreprotegidos para fortuna o desgracia del motero según se mire, hasta Navalperal de Pinares.
Seguiremos recto hacia Aldeavieja coronando para ello dos suaves puertos y un inmenso paisaje que se me antojó hasta irlandés.
El Puerto de la Lancha, que por más que lo mires no tiene mar ni por asomo, quizá en el precámbrico.
Y el puerto de la Cruz de Hierro que si bien es puerto discreto no vimos cruz salvo la que forman las varillas del paragüas con el que nos veníamos retratando.
Los puertos iban sumándose, el cansancio un tanto también, pero menos del que esperaba. Así las cosas nos encontramos rápido por las calles de Villacastín y su imponente iglesia. Bordeándola nos metemos en la nacional que nos llevará veloces hasta el Alto de los Leones.
Repostaremos las motos en Los Angeles de San Rafael y aprovecharemos también para tomar un par de cafés. Gracias a las toallitas para bebés que llevo, la pantalla del casco la mantengo bastante limpia, de modo que en cada parada limpio y seco cual culito sonrosado.
El puerto de los leones lo conozco como el pasillo de mi casa, así que sus dos traicioneras curvas no me pillan por sorpresa. El asfalto, genial, no así en invierno por la sal que vierten para evitar el hielo. Haremos foto con monolito al león a la espalda rodeados de autobuses turísticos como si aquello fuese El Prado, si bien prados alrededor a cientos, desde luego.
Desechamos la idea de atajar por Peguerinos, pues los empastes queremos conservarlos hasta el término de esta década como poco.
Sí atajamos en Guadarrama, para evitar semáforos, y nos dirigimos hacia Cruz Verde por en medio de El Escorial. Pequeña visita en movimiento al Monasterio, descanso de Reyes, homenaje turístico a nuestro acompañante alicantino, pues seguro es Rey en su casa y por corona, sin llevarla en la cabeza pero si en la espalda, coronar casi una veintena de puertos es ya bastante peso real.
Bastante tráfico hasta Cruz Verde. Dejar este puerto para el mediodía hace que nos retrasemos un poco, pero había que desvirtuar un tanto la “ruta convencional de asfalto”. La subida a este puerto son cuatro curvas. Es a partir de aquí cuando las carreteras se tornan veloces bajo las ruedas, de ahí que las fuerzas del orden intenten imponer las normas a golpe de talonario… que dura es la vida del motard.
Tras la oportuna foto para algarabía del personal allí presente,...
... bajamos Cruz Verde, rodeamos El Escorial, pasamos de nuevo por Guadarrama y nos encaminamos hacia el Puerto de Navacerrada. Alto como ninguno. Asfalto penoso por las grietas recubiertas de brea deslizante, pero paisaje excepcional por ir entre bosques de grandes árboles. Al término rápida foto en lugar no legal, llamada isleta por la norma, pero con fondo acorde al objetivo.
Nos dirigimos a Cotos, lugar de amantes al invierno que suben en tren, mejor que el puerto anterior, de parking siempre atestado.
El paisaje es una pequeña suiza venida a menos. Encantador sin duda. Nueva foto gracias a Fernando “BlackSu” el reportero más dicharachero de “barriopuertos” y bajamos hacia Rascafría para entrar al desvío que nos lleve directo a Morcuera. La carretera no admite fallos a izquierdas porque caerías en barrena al barranco… “valaleche” que te pegas. Mejor ir conservador que ya llevamos una buena tunda.
Hacernos la foto y vernos rodeados de doscienta cincuenta y tres moscas fue todo uno.
Sí; las conté, si soy capaz de contar puertos, también moscas. Esto hará que no nos entretengamos apenas y tras comprobar que llevo un retén de horquilla perdiendo un poco de aceite bajamos curveando sin novedad hasta Miraflores. La hora no acompaña para un refrigerio en terraza barítima por lo que seguido iniciamos la subida al Puerto de Canencia.
Este asfalto está mejor, si bien tiene curvas bastantes cerradas y sin visibilidad que añadido a que bajan ciclistas y algún que otro turismo, hacen que solo vayamos alegres sin ir a saco.
El puerto de Canencia, arbolado y “merendado” hará que completemos nuestra serie de 16 puertos consecutivos.
Siendo cercanas las ocho de la tarde no nos planteamos siquiera intentar la otra vereda de la A1, en donde se encuentran los tres puertos más bacheados y revirados, La Puebla, La Hiruela y La Quesera. Terreno ideal para la GS de VictorMB. Otra vez será.
Y Somosierra quedará para otra ocasión pues para subir a él debíamos retroceder y en ese momento pensábamos más en el picoteo de la cena y ver al resto de grupos.
Ferito “Fernando” con su recién estrenada paternidad que le sienta como un guante y se le nota en los ojos como el agua a un río,...
... nos guiará hasta el restaurante en el Pardo. Allí buenos amigos, unos lejanos, otros cercanos.
Llegamos en un malva atardecer, con el sol a un palmo del suelo, al otro extremo del horizonte de cuando comenzamos. Fuimos buscando el día… y nos lo comimos entre puertos. Este día nos vistió un poco más el alma de grandes distancias, como marineros –alguno hasta pirata-, viajando entre puertos, apenas navegando sino volando, pues eso es moverse entre el aire, aunque otros digan rodando.
Sin ser materia exacta, cinco motos recorrimos cada uno algo más de 700 kms en 13 horas consecutivas. Pasando por 16 puertos cercanos a Madrid. Iniciando con depósitos llenos repostamos dos veces por el camino, si bien a la GS le bastó una. Vimos un pastor alemán fatalmente atropellado y otro can haciendo sus necesidades más básicas en medio de la carretera sin inmutarse por el tráfico, menudo apretón a traición.
Y como diría el poeta:
"Siento la vida.
siento la muerte.
Ciento cincuenta,
Doscientos veinte.
Y dieceséis puertos -añado, luego existo-.
Ráfagas a todos los viajeros en moto.
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Pequeños agradecimientos:
A Javier "Javilo" por ser quien primero me lió para participar en este magnífico evento.
A Fernando "BlackSu" por todas las fotos realizadas que amablemente nos cede para uso y disfrute de todos.
Al resto de `compays´ participantes. Todos, todos.
Y por supuesto, al organizador de todo el tinglado, Sir Pe (Jose Mª Hidalgo).
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