Elefantentreffen
(5-6 febrero 1994)
Viaje a la Concentración de los Elefantes. Alemania.
La siguiente descripción de este viaje la hice al regreso de "Los Elefantes" del año 1994. La he dejado prácticamente tal cual la escribí entonces. Espero que quien lo lea quizá se contagie con ese espíritu aventurero por ir allí.
Yo repetí en el 95 y ya va siendo año de regresar... quién sabe.
He viajado bastante por ahí, sobre todo en tren, a pesar de mi escaso inglés, pero ir a elefantes fue uno de los viajes más impactantes que he realizado hasta hoy, por experiencias y `sentires´.
Lo cierto es que a partir de este viaje mi vida también dio un giro espectacular, pero eso es otra historia.
Todo comenzó un mes antes del mes de febrero del `94:
En enero de 1994 me puse el barbour, la funda de agua, el casco, cogí mi moto y me fui yo sólo desde Madrid a la Pingüinos '94. Los pocos moteros que conocía se habían desecho de sus monturas para casarse o comprarse coche o piso...
Soy asiduo a Pingüinos casi todos los años (desde el 1986, mi primera concentración de motos) y aunque viviese en Cádiz o Barcelona no dejaría de acudir.
Y nevando como estaba entonces, atravesé con precaución la sierra madrileña por autopista y enfilé a Tordesillas donde se celebraba, sin apenas problemas.
Recién llegué llovía y vi de nuevo el ambiente de cada año, sentí el frío castellano y el calor de las hogueras. Pero esta vez, el reencuentro fue muy especial, porque conocí a Emilio Scotto en la recta final de su viaje a la vuelta al mundo, toqué su `princesa negra', me hice fotos,... y observando a `aquel loco´ entonces volvió a bullir en mi cabeza una de las `locuras moteras' que más me atraían desde que leí un reportaje referente a un curioso viaje en moto, en una tarde de marzo de hacía ya diez años [ahora 21], en que compré mi primera revista de motos (y que todavía guardo):
Elefantentreffen, `La Meca' del motero.
Y me dije: "... estoy decidido a intentarlo. Me voy a Los Elefantes"
Al regreso de Pingüinos `94 supe de dos `locos' que anunciándose en el Motociclismo se iban a Los Elefantes: Raúl y Antonio de Talayuela (Cáceres).
Y sin conocerles les llamé, quedando en vernos en Talavera al siguiente domingo. Vino sólo Raúl y hablamos y hablamos de la ruta, de la ropa, la comida, etc. Ellos ya lo tenían casi todo controlado. Congeniamos enseguida y concretamos en salir el martes día 1 de febrero para así llegar a la Concentración el viernes por la tarde. Ellos pasarían por Madrid a las doce de la mañana y nos veríamos en el centro.
Y aquel martes, con una semana de vacaciones anticipadas y el barbour de toda la vida, allí estaba yo con mi K75S (mi anterior moto) equipada con tres maletas y bolsa sobredepósito todas repletas sin creérmelo todavía, rumbo a la locura del `Elefante'. Sería mi primer viaje largo, en moto, más allá de Andorra.
Fue fácil reconocerse. Venían cargados de equipaje y latas de conserva hasta lo imposible.
Antonio llevaba una Virago 1100 y Raúl una GPZ 600. Recuerdo como Antonio ya maldecía por el dolor que tenía en las manos por el frío sufrido en la intensa niebla que acababan de atravesar... también llevaba un abrigo talla XXL que por su aspecto debía ser de su abuelo por lo menos, un casco `Schwantz réplica´ y todo sobre una moto custom que al igual que la GPZ estaban llenas de adhesivos.
Estos eran de casi todos los comercios del pueblo y alrededores que les patrocinaban el viaje. Hasta vendieron lotería de modo que si tocaba `el gordo' el premio a repartir eran ¡200 motos!
Increíble pero cierto. Tuvieron el viaje pagado.
¿Y alguien se imagina una deportiva con cubremanetas de trail sujetas con cinta de embalar? Esa era la GPZ.
A mi K75S le puse defensas en el motor y unos cubremanos estilo `vespa de correos´ que resultaron muy efectivos.
Salimos un martes día uno y volvimos... ¡un jueves día diez!
Dos días más tarde de lo previsto. Y es que no se pueden hacer planes a rajatabla en un viaje tan largo y en invierno. Siempre suceden cosas increíbles.
*Martes día 1 de febrero:
Después de tomar un café en un bar cercano salimos zumbando siendo ya la una del mediodía en Madrid. El cielo está algo nublado. Parando sólo a repostar y algún breve descanso pasamos Zaragoza y Lleida llegando más allá de Barcelona con frío soportable, parando definitivamente a las nueve de la noche en una gasolinera (Montseny) por la autopista que lleva a Francia.
El gasolinero hizo la vista gorda y nos permitió acampar en el merendero que hay cerca. Llevábamos la comida, camping-gas, cazuela,... Rico, rico. Y la niebla nos empezó a cubrir mientras dormitábamos dentro del saco.
*Miércoles día 2:
Muy temprano, Raúl y yo nos levantamos a conversar junto a una taza de café en el bar de la gasolinera. Mientras, a Antonio le seguían oyendo roncar hasta en Baleares. ¡Qué bárbaro, menos mal que yo llevaba tapones para los oídos!
Luego, recogemos todo y emprendemos la marcha. Al poco llegamos a la frontera y vemos dos moteros parados. Les preguntamos y también se dirigen para elefantes, van con una BMW Boxer (desde Zaragoza) y en una Suzuki trail desde Barcelona. Pensaban ir por la ruta suiza.
Enseguida paran dos más, Jose y Juli, ambos con Transalp de Madrid, también para Elefantes, ellos tenían intención de ir por la ruta italiana.
Nosotros, en principio, por la franco-alemana. Y decidimos hacer todos juntos el trayecto común por una parte de Francia y ya nos veríamos en la `Treffen'... o eso dijimos.
Más tarde, al parar en una gasolinera conocemos a uno de Lleida en una BMW LT. Son sus ¡quintos elefantes! y nos asegura que las autopistas siempre están limpias y que la ruta suiza es la más bonita de todas.
Decidimos ir todos juntos por la ruta suiza. Así mismo, nos indican para dormir los Formule 1, hoteles a tres mil ptas. la triple (calefacción, ducha, tv.) quedando para esa noche en el que se encuentra en Chanas, Francia.
Intentamos no meternos en autopista y vemos que no nos queda más remedio después de comprobar la multitud de pueblecitos y rotondas que te encuentras por las nacionales francesas retrasando el viaje. Con la última luz llegaremos a Chanas después de un día algo fresco y nublado.
Después de sorprendernos gratamente de lo cómodo que se está en el Hotel nos pondremos atuendos más ligeros y tras cenar albóndigas con pasta en la habitación marchamos al pueblo a tomar unas cervezas. En un pub pagaremos una pasta por diez cervezas. No calculamos bien el cambio de moneda...
*Jueves día 3:
Raúl, Antonio, Jose, Juli y yo permaneceremos juntos, en tanto que los demás deciden avanzar más deprisa y nos pierden.
Atravesamos Suiza con un tiempo casi primaveral ¡que paisajes con los Alpes nevados!
Observamos los deportivos Bmw de color naranja de la `polizei´ apostados a lo largo de la autopista vigilantes de los excesos de velocidad.
Anteriormente, en la frontera, debimos pagar el adhesivo (3.500 ptas) que da acceso libre a todas las autopistas de Suiza sin necesidad de peajes; es obligatorio llevarlo si se circula por ellas.
Ya de noche acampamos en otra área de servicio gracias a que preguntamos a una amable chica suiza. Ella nos indicó que la siguiéramos, iría en su coche hasta un área de servicio después de 70 kms! a la cual llegué por la inercia de la última gota de gasolina que tenía en el depósito. Y hasta convenció al personal de la gasolinera para que pudiéramos acampar en el jardín. Nunca supimos a qué se debió aquel derroche de amabilidad, más cuándo vimos que hizo el cambio de sentido para regresar los 70 kms. de nuevo.
Ese mismo día, anteriormente, nos salimos de la autopista a fin de encontrar pan, pues no íbamos de restaurantes, algo que nos haría perder mucho tiempo y dar unas cuantas vueltas para meternos de nuevo a la ruta principal. Fue por entonces, en un pequeño cambio de sentido, cuando Raúl y Antonio se fueron al suelo al sufrir una leve colisión sin apenas consecuencias, salvo rotura de la bolsa de equipaje con el consiguiente rodar de los botes de albóndigas por toda la calzada parando los coches para no pisarlas...
Aquella noche se me pinchó la colchoneta inflable según dormía. No hubo modo de arreglarla.
*Viernes día 4:
En este día cruzamos Austria y de aquí a Alemania. En Austria, `El Tirol' y sus nevados pueblecitos de tejados puntiagudos son paisajes que no se olvidarán. Circulamos por sus autovías a gran velocidad, el piso estaba seco y no hacía demasiado frío, unos cinco grados. Y luego por fin Alemania: ¡qué bosques! ¡qué autopistas! ¡a qué velocidades van los Mercedes! Y venga pasar motos.
Y que escasez de gasolineras junto a las autopistas. Había que andarse con cuidado porque hubo un tramo de 120 kms sin ver ningún indicador de gasolinera. Menos mal que nos advirtieron.
Hasta ese momento nos iba haciendo un tiempo estupendo: solecito con algunas nubes y poco frío, aunque al borde de las autopistas se vea casi un metro de nieve debido a los quitanieves de días anteriores.
Sin parar observo Munich desde la autopista. Y es que en este país nació mi moto y de seguro hay nostalgia por retornar al origen. Es una mezcla extraña de sensaciones.
Vemos bastantes motos con sidecar que se dirigen hacia el mismo destino. Y a las siete de la tarde-noche, ya a oscuras después de salir de la autovía y recorrer unos sesenta kms de carretera comarcal, llegamos hasta Loh, un pueblecito de cinco casas donde se encuentra instalado el recinto elefantero.
Llegando a estas horas había menos riesgo de encontrar hielo en la calzada que yendo de mañana puesto que los últimos kms son de carreteras sinuosas que suben hasta Loh, en el condado de Thurmasbang-Solla, a unos 1500 metros de altitud.
¡¡Hay que ir!!
No se puede describir lo que se ve o se siente después de dos mil quinientos kilómetros en cuatro días. Habíamos cumplido el itinerario de ida.
Por megafonía, una voz emitiendo mensajes en alemán y cientos de pequeños puntos de luz: hogueras, cientos de hogueras que se perdíann en un gran claro inclinado de un bosque de enormes árboles. De hecho la `Treffen' se hace junto a un parque natural.
Y motos, miles de motos, de todas partes. Gente a barullo. Llevábamos banderas, nos señalaban y en la cara de muchos se veía eso de: ¡¿desde España?! Se alegraban al vernos, nos decían elogios de mil maneras.
No era para menos, de unos cuatro mil inscritos sólo seríamos una treintena de españoles.
No cabía ni un alfiler. Y de noche ¿cómo buscar sitio? Decidimos acampar fuera del recinto que no sólo estaba vallado, por cierto, si no atestado de barro, nieve y motos; y ya veríamos al día siguiente.
Ya antes, nos inscribimos y nos alegramos por haber llegado. Te ponen una pulsera precintada en la muñeca y sin ella no entras.
Cansados, sólo montamos una tienda para los cinco, junto a la carretera, al otro lado de la valla del recinto Elefantero. Al tiempo conocimos a Leo, un suizo encima de una Dnepr con sidecar y a unos austríacos que también acamparon junto a nosotros.
Aquel lugar estaba cubierto por la nieve, pero había calor humano por todas partes. No se como nos entendíamos, pero nos pasamos cenando y riendo casi toda la noche. Por supuesto cenamos albóndigas.
El programa de Los Elefantes es sencillo: charlar de motos junto a la tuya, al borde de una hoguera en un paisaje nevado bajo un cielo de invierno cerca de la frontera con Checoslovaquia. [hoy Chekia]
*Sábado día 5:
Desayunamos y después de circular por entre el largo pasillo interminable de motos aparcadas en batería fuera, nos metimos al recinto. Ni ganas de desmontar la tienda y montarla en otro lado.
El suelo aparecía totalmente embarrado debido a que `el buen tiempo´ (cuatro grados) había derretido parte de la nieve. Encontramos a madrileños, catalanes, aragoneses y a los de Lleida (a los otros dos, ya no les vimos más, pero sabemos que regresaron bien). Fuimos a comprarnos `la chapa', la camiseta, el jersey, la gorra, el gorro,... hay que comprar todo, hasta la leña (3.000 ptas), ya que la organización, impecable, no tiene apenas patrocinadores.
En la inscripción (2.000 ptas) se incluye un libreto de información, un número para un sorteo y una chapita con el año en curso grabado que luego cuelgas de `la chapa´ que compras de Los Elefantes (1.500).
Y en el mercadillo situado en el centro encontré, asombrosamente, a un compañero de trabajo de mi padre. ¡Qué momento! Y a Pepe, un español afincado en Alemania, conocido por todo el mundo. Y otro de Cádiz, y otro de Huelva, y a ese y aquel, y venga cerveza.
El ambiente, las motos de todo tipo y estilos (impresionante lo que allí se ve), los lechones asándose en las hogueras, miles de tiendas, ¡iglús auténticos!, la nieve, el fresco que no frío, (aunque el año anterior habían estado a varios grados bajo cero), la foto ritual para el SoloMoto que sacó Paulino Arroyo a las tres de la tarde con todos los españoles que se acercaron hasta la entrada,... (luego salimos todos en la revista).
¡¡Hay que ir!!
Son sensaciones y un montón de emociones, parte del corazón.
Y como siempre, los que más barullo arman son... pues todos nosotros, los de la fiesta, los toros, la paella y tal.
Más tarde nos enteramos de que el trofeo al piloto más lejano fue para uno de ¡Canarias!
Así pasamos el día entero sin apenas darnos cuenta del transcurso del tiempo entre charla, paseo, fotos, cerveza,...
A las doce de la noche era el desfile de antorchas, para entonces el suelo se helaba con lo que el desfile, vistas las caídas de otros años, se hacía a pie por los alrededores. Para entonces el cansancio comenzó a pasar factura. Estábamos rendidos y encima queríamos madrugar un poco para salir temprano y `no pillar el atasco' de motos.
Fue un día genial, nunca lo olvidaré. Como no olvidaré un chapurreo anglo-italo-hispano con un motero del norte de Italia que tenía una Ducati `preparada para fundir en circuito´ y me hizo ver que tanto si para él su moto era la mejor del mundo, tanto era para mí la mía. Sólo por eso porque era mía y debía cuidarla como a mi mismo, el primer mandamiento del motard. Tampoco olvidaré nunca intercambiar un bote de albóndigas por un puñado de patatas fritas o del cachondeo y buen rollo que tuvimos con unos `armarios alemanes´ que por su aspecto parecían más bien salidos de una horda bárbara invasora del antiguo imperio romano.
O como a una Bmw le sustituyen la rueda trasera por un disco enorme de cortar leña acondicionado al efecto. O como a una hiperdeportiva le han acoplado ruedas laterales `por si acaso´.
O como todo era una enorme familia como nunca antes vi.
Por entonces ya me preguntaba ¿cómo no vine antes? ¿cómo es qué no volveré?
*Domingo día 6:
Sin haber dormido demasiado, a las diez salimos con mucho cuidado de no pisar alguna placa de hielo traicionera. Antes le regalamos a Leo un bote de albóndigas (no se acababan ni regaladas) y nos despedimos con la esperanza de vernos de nuevo [en Pingüinos `95 nos volvimos a encontrar con los austriacos].
Quisimos en hacer el mismo camino de vuelta consiguiendo pernoctar en otro Formule-1, en la frontera franco-suiza. En un suspiro pisamos cuatro países en un día, menudo lío de moneda.
Aquella jornada, si bien algo melancólica por el regreso, nos mantenía en el fondo alegres por seguir viajando en moto.
*Lunes día 7:
Cruzamos Francia con mucha tranquilidad, interminables rectas, hasta Beziers. Las paradas eran frecuentes debido al cansancio y el hecho de echar gasolina se convirtió casi como el respirar, o sea, cada dos por tres. Le eché líquido equivalente a la bañera de mi casa, unas 45.000 ptas. Aunque todo el viaje me supuso 50.000 más.
En una ocasión tuve que parar rápidamente en una gasolinera a echarme agua fría en la cabeza porque me sorprendí ¡dormido! en marcha. De ir en el carril derecho aparecí dos más a la izquierda al borde del guardarraíl... iba el último en aquel momento (con el casco apoyado en la bolsa sobredepósito) y no hacía ni quince minutos que habíamos parado a descansar en otra gasolinera. Aún no sé como me desperté sin más.
También nos entretuvimos ayudando a un valenciano, que también regresaba de la Treffen, a reparar su ¡scooter de 125 c.c.! No pudo ser porque tenía el rodamiento del eje trasero destrozado.
Finalmente llamó a que viniera un amigo francés a buscarle. Se fue a Los Elefantes en un scooter, y salió de Valencia el jueves! Y sin asistencia en carretera! Y su mujer de paquete! Y cargado de equipaje!
Volvimos a pernoctar en un Formule 1.
*Martes día 8:
Hoy debíamos haber ido ya hacia casa y finalizar el viaje. Pero queríamos más aún por lo que llamé al trabajo para que me ampliaran las vacaciones dos días más... y así pasar por Andorra a comprar algo. Nos fiábamos del buen tiempo que habíamos tenido. En aquel momento nos creíamos capaces de dar la vuelta a Europa y parte del extranjero... de no ser por el dinero.
Siempre que dormíamos en los Formule-1 veíamos el parte meteorológico que daban a las ocho de la mañana por tv. Se veían venir las nubes, pero...p'adelante.
¡Vaya martes este! Impresionante. En dirección a Andorra empezamos a subir altitud. El paisaje blanco y el asfalto mojado. Precioso, muy bonito, pero se empezaba a poner peor.
Comienzan a caer copos y aparecen las primeras placas de nieve. Aquellos de los coches con los que nos cruzamos nos indican que no sigamos.
Pero seguimos. La carretera se transforma en una pista blanca con un par de rodadas negras. Poco después, en media hora, las motos se empiezan a atascar y la mía se me cae por primera vez, empieza a nevar copiosamente, sopla fuerte viento. Ya hay gente que alucina al vernos.
Poco a poco voy, gracias a Jose, aprendiendo a guardar el equilibrio a punta de gas con las piernas abiertas como puentes... Me caí de la moto cinco veces, Raúl dos, Antonio tres,... las trail ninguna.
Antonio, para parar su moto y descansar un rato, se dejaba ir contra los montones de nieve que había a ambos lados de la carretera...
Nuestro temor más grande era que algún coche se pasase en su deslizada. De hecho vimos más de un `trompo' delante nuestro.
En cierta ocasión decidí ir por el lado izquierdo de la carretera al haber menos nieve, imaginaba que nadie ya vendría en bajada. Me equivoqué, del fondo de la ventisca apareció un trailer multiejes que sabe dios como consiguió esquivarme, sólo recuerdo encogerme como un gusano mientras a un palmo de mi lado derecho discurrían ruedas y ruedas de camión. Ni siquiera intenté parar porque la caída era segura.
Resumen del día: 60 kms recorridos en seis horas. Ventisca continua. Paradas frecuentes por no ver ni por donde iba la carretera. Los pocos coches que subían lo hacían con cadenas.
Cruzamos por Pas de la Casa, el puerto d'Envalira, al coronar el puerto marcaba 15 bajo cero. Daños leves en las motos.
Yo sólo pude levantar la moto dos veces, en el resto tuvo que ayudarme `alguno que acertaba a pasar en coche por allí y paraba´ en bajada. Todos íbamos desperdigados sin poder esperarnos... bastante teníamos cada uno con mantenernos de pie.
Recuerdo que hacía un frío de tres pares y que al mismo tiempo estaba sudando a gota gorda. Pero lo conseguimos. Y esa noche cerraron el puerto. Llegué a Andorra La Vella (a 6 bajo cero) totalmente agotado.
Yo estaba super-hecho-polvo y como apenas comimos en el día, cené como un poseso y casi sufro una indigestión. Volvimos a dormir en hotel pasando de tienda y saco. No era para menos. Nunca estuve tan cansado.
*Miércoles día 9:
La mañana amaneció fresca y agradable... esto último para Raúl, para mí,... y para Antonio; no tanto para Jose y Juli.
La noche antes nos sorteamos quienes compartirian habitación con "los ronquidos de Antonio"... y les tocó.
Merece la pena recordar "al sufrido vecino" de habitación contigüa como aporreaba la pared hastiado y pidiendo silencio por caridad ante tanto obligado insomnio mientras Antonio dormitaba en los más profundos abismos del sueño de morfeo... Jose y Juli, entre aporreos y ronquidos, casi noche en vela.
En tanto, tras el desayuno y el cachondeo al respecto, compras y compras por Andorra.
Jose y Juli se marchan con prisa enseguida a Madrid. En cambio Raúl, Antonio y yo hacemos efectiva la invitación de pasar por casa de los de Lleida para cenar y dormir.
Aprovechamos para seguir descansando y contar peripecias y batallitas.
*Jueves día 10:
Todos a casa de vuelta. Antonio y Raúl seguirán hasta su pueblo en Cáceres. Cerca de Madrid nos despedimos con cierta nostalgia por todo lo que hemos pasado. De hecho, teníamos la indescriptible sensación de que la vida ya era un continuo ir y venir en moto...
Para mí, la guinda del pastel fue entrar en Madrid por la Avenida de América, y en el primer semáforo en que paré se me acerca un `mensaca´ con su moto y me pregunta:
-¿no jodas que vienes de los elefantes?
(yo llevaba una enorme pegatina en el cofre que decía "Elefantentreffen94")
Lo que recuerdo de aquel momento es que hubiera sido capaz de dar media vuelta y regresar. Nunca antes sentí tanta nostalgia.
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Luego nos reunimos después de este gran viaje. Ocurrió en Talayuela (Cáceres). Allí Raúl y Antonio junto con sus amigos, familiares y conocidos nos hicieron un pequeño homenaje con placa y todo. Muy emotivo, para no olvidar. Buena gente hay en Cáceres.
Y también estuvo a punto de venir a Elefantes un valenciano que
igualmente había llamado a Raúl. Dos días antes de partir le llama diciéndole que se ha peleado con su cuñado (!) y este no le deja la Zephir, ya que él tiene una ZXR y no sabe si aguantaría el viaje (?). Al regreso le llamaron para que se pasase por Talayuela para esa fiestecilla que organizaron.
Llega, se quita el casco y... un abuelo de 63 años!. Uno más, fue uno más con nosotros. Que tío! y decía que no va por la autovías porque se aburre... No quiso decir la edad al principio. Habría venido igual, seguro.
De todas formas, como pudimos comprobar en el viaje, no se puede trazar una ruta exacta para hacerla en un tiempo concreto saliendo tal día para llegar tal otro. Sólo podemos realizar un boceto de todo aquello que se nos ocurra e improvisar a todas horas.
Animo a todos. Hay que ir. Jose, Juli y yo repetimos al año siguiente por segunda vez y no nos defraudó, aunque como el primero...
Ráfagas a todos los viajeros en moto.
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